Lesiones habituales en la práctica del running

El estar en forma y practicar una actividad física conlleva una serie de acciones para poder realizarla de una manera segura y que no conlleve consecuencias posteriores. Hoy desde este artículo trataremos el tema de las lesiones habituales en la práctica del running.

Las zonas que más se suelen resentir de la práctica del running son las extremidades inferiores, la zona lumbar y la pelvis. Los movimientos incorrectos repetitivos o las sobrecargas musculares pueden producir inflamaciones o incluso microrroturas. Todo esto conlleva que se debe tener claro que la práctica de este tipo de actividad debe ser observada con corrección y mesura. Una lesión mal curada se puede volver crónica y causar después multitud de inconvenientes.

Una de las lesiones más habituales es la del síndrome de la cintilla iliotibial o también conocido como el síndrome de la rodilla del corredor. Consiste en la inflamación de una parte formada por las fibras y los tendones que pasa por el área externa de la rodilla. Es un dolor que puede llegar a ser muy intenso y que nos impida seguir practicando el running. Una manera de prevenir esta dolencia es realizando estiramientos específicos de la zona de peligro y observar con detenimiento cualquier síntoma en la parte externa de la rodilla.

La tendinitis o la inflamación de los tendones también es otra de las recurrentes lesiones dentro de la práctica del running. El tendón de Aquiles y la tendinitis rotuliana. Ambas zonas deben soportar un gran impacto por el movimiento continuado que realizamos de las rodillas al correr. Hacer un calentamiento previo y evitar correr en superficies duras es altamente aconsejable. Si se tienen molestias con aplicar frío en la zona dañada es suficiente.

Entre las lesiones más dolorosas y que pueden aparecer con la práctica del running es la conocida como enfermedad de Freiberg. Consiste en una necrosis avascular de la cabeza del segundo metatarsiano. Con el ejercicio se pueden causar microrroturas en esta zona y aunque es una dolencia no muy común, es fácil de diagnosticar y su tratamiento, aunque largo es efectivo.

Lo más aconsejable para iniciarse en cualquier actividad deportiva es la de dejarse aconsejar por expertos en la materia y amoldarse a sus criterios. Acudir a un buen podólogo deportivo que nos realice un estudio biomecánico de la marcha para conocer nuestra manera de movernos y de correr, sería una de las mejores ideas a tener en cuenta. Con este estudio pormenorizado se pueden encontrar todas las claves de nuestro aparato locomotor y cómo poder adaptarlo a nuestro esfuerzo. Si se precisa, también el uso de plantillas personalizadas puede ayudarnos considerablemente a conseguir un mayor rendimiento a nuestro esfuerzo.

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